La distancia económica conlleva distancia social

El alto grado de desigualdad económica que existe hoy en día es probablemente una de las características que más identifican a las sociedades actuales. Las diferencias entre los más ricos y los más pobres son de las más grandes que han existido en toda la historia de la humanidad 1. Esta situación ha hecho que los científicos sociales se preocupen cada vez más por entender las consecuencias que tiene vivir en sociedades cada vez más desiguales. Algunos autores han plantean que la desigualdad económica condiciona enormemente la vida de las personas, y esto se debe principalmente a que cuanto más distintas son las condiciones de vida de la población, es decir, cuanto más desigual es una sociedad, más distanciadas se sienten las personas unas de otras 2.

Lo próximos o distanciados que nos sentimos con los demás tiene un impacto crucial en nuestras vidas. Tanto es así que cuando nos sentimos muy próximos a nuestras personas cercanas, como la familia y los amigos, el concepto que tenemos de nosotros/as mismos/as se solapa con el que tenemos de ellas. Es decir, que no podemos pensarnos completamente sin pensar a la vez en estas personas. Cuando las personas piensan en sí mismas de esta manera se dice que tienen un auto-concepto interdependiente. Por el contrario, cuando nos sentimos distanciados de los demás y no tenemos ningún problema en pensarnos a nosotros/as mismos/as como individuos separados de los demás decimos que tenemos un auto-concepto independiente 3.

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Entonces, si cuanto más desigual es una sociedad más distanciados se sienten sus habitantes, y cuanto más distanciadas se sienten las personas unas de otras más independientes se perciben ¿Podríamos esperar que cuanto más desigualdad economía exista más independientes (y menos interdependientes) serán las personas?

Los resultados de varios estudios tratan de aproximarse a la respuesta de esta pregunta mostrando que, por ejemplo, las personas que menos desigualdad perciben en su país tienden a auto-definirse como más interdependientes. Asimismo, al poner a las personas en un contexto artificial en el que se muestra una mayor desigualdad estas tienden a recordar más eventos individuales sugiriendo una mayor activación de su auto-concepto independiente. Por el contrario, cuando ese mismo artificial contexto mostraba una menor desigualdad las personas tendían a recordar más eventos en los que estuvieran involucrados sus familias y sus amigos/as, sugiriendo por tanto una mayor activación de su auto-concepto interdependiente 4.

Por tanto, los resultados de estos estudios parecen sugerir que, efectivamente, una mayor desigualdad económica parece hacer que las personas se sientan más independientes, mientras que una menor desigualdad parece llevar a las personas a sentirse más interdependientes de sus personas cercanas.

Referencias

1 Piketty, T. (2014). Capital in the Twenty-First Century. Cambridge, MA: Harvard University Press

2Pickett, K. E.,&Wilkinson, R. G. (2015). Income inequality and health: A causal review. Social Science and Medicine, 128, 316–326. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2014.12.031.

3Markus, H. R., & Kitayama, S. (1991). Culture and the self: Implications for cognition, emotion, and motivation. Psychological Review, 98(2), 224–253. https://doi.org/10.1037/0033-295X.98.2.224.

4Sánchez-Rodríguez, Á., Willis, G.B, and Rodríguez-Bailón, R. (2019). Economic and social Distance: Perceived income inequality negatively predicts an interdependent self-construal. International Journal of Psychology, 54, 117-125. https://doi.org/10.1002/ijop.12437

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El impacto psicológico de la desigualdad económica

¿Cómo nos afecta la desigualdad económica psicológicamente? ¿El hecho de que los ricos son cada vez más ricos mientras que los pobres son cada vez más pobres condiciona la manera de comportarnos y relacionarnos con las personas de nuestro entorno? Investigaciones recientes indican que las personas que viven en sociedades más desiguales tienden a desconfiar más de los demás, a competir más por los recursos económicos y aumentan su tolerancia hacia la misma desigualdad, lo que redunda en el mantenimiento o incluso el incremento de la desigualdad.

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La desigualdad económica, esto es, la forma en la que se distribuyen los recursos entre los miembros de una sociedad, se ha incrementado considerablemente en las últimas décadas, intensificándose en los últimos años debido a la crisis (EUROSTAT, 2016). Esto no solo se relaciona con cuestiones económicas: las personas que viven en sociedades más desiguales tienden a padecer más problemas de salud, obesidad, embarazos no deseados, abuso de drogas y suelen estar envueltos en más crímenes (Wilkinson y Pickett, 2009). Aunque la naturaleza de estos datos es correlacional, el hecho de que la desigualdad preceda temporalmente a dichas variables, su consistencia y la dificultad para identificar variables alternativas que pudieran explicar esta relación apoyan la idea de que la desigualdad podría ser uno de los antecedentes de estos problemas sociales (Pickett y Wilkinson, 2015). Además, diversos estudios realizados en contextos de laboratorio en los que se manipula la desigualdad refuerza la idea de dicha relación causal (p.ej., Nishi, Shirado, Rand y Christakis, 2015).

Algunas investigaciones han examinado los procesos psicológicos que podrían explicar las razones por las que la desigualdad económica se relaciona con dichos problemas sociales. Un reciente artículo de revisión mantiene que podría haber dos mecanismos psicológicos implicados (Buttrick y Oishi, 2017). En primer lugar, Buttrich y Oishi sugieren que la desigualdad económica está asociada con una mayor desconfianza generalizada. Las encuestas llevadas a cabo internacionalmente muestran que quienes viven en sociedades más desiguales manifiestan tener menos confianza en los demás, tienden a mostrarse menos agradables con los demás y a participar menos en actividades sociales. Además, en contextos de mayor desigualdad las personas de diferentes clases sociales tienden a interactuar menos entre ellos, ya que suelen vivir en diferentes barrios, llevar a sus hijos a diferentes colegios, tener diferentes preferencias de ocio, etc. Esta segregación les podría llevar a percibir que las personas de distintas clases sociales no comparten un destino común, lo que hace difícil construir un sentimiento de confianza entre ellos (Rothsten y Uslaner, 2005).

En segundo lugar, la desigualdad económica aumenta la competición por el estatus. Las encuestas internacionales muestran que las personas que viven en sociedades más desiguales tienden a darle más importancia al respeto, al éxito y a ser admirados por los demás (Paskov, Gërxhani y van de Werfhorst, 2013). Asimismo, las personas que viven en países más desiguales es más probable que experimenten sentimientos de ansiedad por la posición que ocupan en la jerarquía social y teman ser menospreciados si no disfrutan de cierto estatus social. Quizás como una forma de combatir esta ansiedad, las personas que viven en países más desiguales tienden a valorarse a sí mismas más positivamente (Loughnan y col., 2011). También el consumo de productos que reflejan estatus puede convertirse en otra estrategia para lidiar con la ansiedad por el estatus. En esta línea, Walasek y Brown (2015) encontraron que en los estados más desiguales de Estados Unidos la gente busca más productos de marcas de lujo y joyería a través de Google.

En síntesis, las sociedades más desiguales tienden a ser más disfuncionales debido a la relación entre la desigualdad y la confianza o la competición por el estatus (Buttrick & Oishi, 2017). Pero, ¿puede la desigualdad existente en el contexto en el que vivimos relacionarse también con nuestras actitudes hacia la propia desigualdad? Diversos estudios han encontrado que cuanta más desigualdad se percibe, más desigualdad se desea (Willis, Rodríguez-Bailón, López-Rodríguez y García-Sánchez, 2015). En esta misma línea, Shröder (2017) realizó un estudio longitudinal utilizando bases de datos de 34 países. Sus resultados mostraron que cuanta más desigualdad económica existe en un país, más probable es que en el futuro sus habitantes prefieran una mayor desigualdad. En otras palabras, las personas terminan ajustando el grado de desigualdad económica que desean al grado de desigualdad que perciben en su contexto.

En resumen, la desigualdad económica en la que vivimos, independientemente de nuestra posición dentro de ella, se relaciona con distintas variables psicosociales, que en general contribuyen a la creación de sociedades más disfuncionales. Sería importante continuar profundizando en la relación que existe entre estas variables, así como las posibles relaciones causales entre ellas.

Referencias

Buttrick, N. R. y Oishi, S. (2017). The psychological consequences of income inequality. Social and Personality Psychology Compass, 11 (3), e12304.

EUROSTAT. (2016). Inequality of income distribution. Retrieved from http://ec.europa.eu/eurostat/tgm/ table.do?tab=table&plugin=1&language=en&pcode=tsdsc260

Loughnan, S., Kuppens, P., Allik, J., Balazs, K., de Lemus, S., Dumont, K., … y Haslam, N. (2011). Economic inequality is linked to biased self-perception. Psychological Science, 22, 1254–1258.

Nishi, A., Shirado, H., Rand, D. G., y Christakis, N. A. (2015). Inequality and visibility of wealth in experimental social networks. Nature, 526, 426–429.

Paskov, Gërxhani y van de Werfhorst (2013). Income inequality and status anxiety. Amsterdam, AIAS, GINI Discussion Paper 90.

Pickett, K. E., y Wilkinson, R. G. (2015). Income inequality and health: A causal review. Social Science and Medicine, 128, 316–326.

Rothsten, B., y Uslaner, E.M. (2005). All for all: Equality, corruption, and social trust. World Politics, 58, 41-72.

Schröder, M. (2017). Is income inequality related to tolerance for inequality? Social Justice Research, 30, 23-37.

Walasek, L., y Brown, M., (2015) Income inequality and status seeking: Searching for positional goods in unequal U.S. states. Psychological Science, 26, 527-533.

Wilkinson, R., y Pickett, K. (2009). The Spirit Level. Why Greater Equality Makes Societies Stronger. London: Penguin.

Willis, G. B., Rodríguez-Bailón, R., López-Rodríguez, L., y García-Sánchez, E. (2015). Legitimacy moderates the relation between perceived and ideal economic inequalities. Social Justice Research, 28, 493-508.

Autores: Ángel Sánchez-Rodríguez, Guillermo B Willis y Rosa Rodríguez-Bailón

Publicado originalmente en la revista «Ciencia Cognitiva», Vol. 11, 2017, Nº2 http://www.cienciacognitiva.org/?p=1466

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